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Participamos en la elaboración del Plan de Acción de Educación Ambiental

Desde el Grupo Tangente vamos a implementar un proceso participativo online que sirva para la elaboración del Plan de Acción de Educación Ambiental para la Sostenibilidad (PAEAS). El resultado de este trabajo ayudará a definir las nuevas líneas estratégicas para enfrentarnos a la transición ecológica desde el ámbito de la educación ambiental.

La educación ambiental desde las organizaciones sociales y movimientos ciudadanos

El estudio ‘Hacia una Educación para la Sostenibilidad. 20 años del libro Blanco de la Educación Ambiental en España‘ concluye con un mensaje claro y conciso: «Cuando el mundo que nos rodea cada vez envía más mensajes de su situación crítica e insostenible, el papel a desempeñar por la educación ambiental adquiere una mayor relevancia. Necesitamos identificar urgentemente las estrategias educativas que nos permitan dinamizar cambios sociales profundos que nos encaminen a una transición ecológica profunda del mundo en el que vivimos».

La investigación ha sido publicada recientemente y está impulsada por la Red Española para el Desarrollo Sostenible, Sustainable Development  Solutions Network y por el Ministerio para la Transición Ecológica, a través del organismo autónomo de Parques Nacionales y el Centro Nacional de Educación Ambiental, con la colaboración de Ecoembes, coordinado por Javier Benayas y Carmelo Marcén. Un estudio en el que participa nuestra compañera de Altekio [entidad social del Grupo Tangente], Concepción Piñeiro, en el capítulo ‘La Educación Ambiental en España desde las organizaciones sociales y los movimientos ciudadanos’

¿Qué ha pasado en estos 20 años en las organizaciones ecologisitas y ciudadanas?

Piñeiro, de la mano de María José Díaz González, escribe este capítulo de 30 páginas sobre la Educación Ambiental (EA), las organizaciones conservacionistas y los colectivos ciudadanos. Para ello, se nutre de entrevistas y un grupo de discusión con organizaciones como Amigos de la Tierra, la Coordinadora de ONG de Desarrollo, Ecologistas en Acción, Fuhem, Greenpeace, SEO-Birdlife, WWF y ADEAC.

Se remontan al 2008, año en el que la crisis financiera se reconoce a nivel mundial y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria hace que la educación ambiental deje de ser una prioridad, y los recursos de los que se nutre se destinan a emergencias sociales. A principios de esta década, programas tradicionales de EA, muy consolidados en grandes y pequeñas organizaciones, desaparecen.

A pesar de este golpe, las organizaciones y colectivos han sabido reorientarse para continuar ejerciendo su labor. Por ejemplo, gracias al acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación y la información y la irrupción de las redes sociales, las autoras señalan que «nunca hasta ahora se ha dispuesto de datos tan claros, precisos y veraces sobre los problemas socio-ambientales a los que nos enfrentamos. La información ha dejado de estar solo en manos de un colectivo técnico (como las instituciones públicas o la comunidad científica) para generalizarse y difundirse».

Análisis actual

Respecto al cambio de modelo socioeconómico, desde las ONG ecologistas y de cooperación al desarrollo siempre ha existido, y continúa desarrollándose, toda una corriente de pensamiento crítico sobre el modelo actual y las alternativas existentes. Respecto al planteamiento de las iniciativas, éstas son más integradoras y disruptivas, con un impacto contrastado en la mejora local. Respecto a los problemas típicos del asociacionismo y de lo colectivo, las organizaciones continúan sufriendo los problemas típicos del asociacionismo: auto-financiación y reducido número de personas socias (mermado aún más por la crisis económica). Respecto a los objetivos, en algunos casos, están enfocados hacia un problema prioritario para la entidad; en otros, las iniciativas surgen por la apertura de una vía de financiación de un proyecto o bien por la aparición de oportunidades de colaboración. Respecto al trabajo con agentes, en las últimas décadas, se ha intensificado el trabajo con agentes multiplicadores desde las entidades que desarrollan EA, por ejemplo con los medios de comunicación, agentes políticos, personal de instituciones públicas y privadas, comunidad científica, empresas editoriales. Respecto a la capacidad de influencia, a lo largo de estos años se mantiene e incluso ha aumentado su capacidad de influencia sobre amplios sectores de la población. Desde algunas de sus iniciativas se han logrado incluso cambios en la administración local o autonómica, en forma de reconocimiento, apoyo o coordinación de los programas de educación ambiental.

Nuevas temáticas

En los últimos años, también se observa un cambio respecto a las temáticas abordadas por la EA. En los años noventa, estas iniciativas se centraban en problemas globales, como el cambio climático, o bien tenían enfoques
más sectoriales, como el tratamiento de residuos, el ahorro energético y de agua, el urbanismo bioclimático… En la actualidad se observa la emergencia de dos ámbitos de interés para las ONG que realizan EA:

  • Nuevos temas o perspectivas, como la economía circular, el decrecimiento, la resiliencia, el ecofeminismo, las transiciones, los cambios de modelo socio-económico, la cultura del territorio, el urbanismo ecológico, la agroecología …
  • Las consecuencias, cada vez más tangibles, de problemas arrastrados desde el siglo pasado (por ejemplo: las islas de plástico en los océanos, la pérdida de suelo fértil en gran cantidad de países, el aumento del nivel del mar, la desaparición de los ecosistemas polares, la asimilación metabólica de los micro-plásticos, la situación de las personas refugiadas ambientales, etc.).

Así, Piñeiro y Díaz González destacan que, de forma general, las actuaciones de EA desarrolladas desde las ONG han contribuido a manejar diferentes escalas en el tratamiento de los problemas ambientales. Por ejemplo, desde que se extendió el lema “piensa global, actúa local” (con diferentes fuentes como origen), se ha ido más allá, sumando la idea de lo “glocal” en la ciudadanía.

Retos para el futuro

Las autoras señalan 5 retos para el futuro:

Por un lado, los «contextos facilitadores»: Uno de los principales retos es dar el salto del diálogo a la práctica, de la información al comportamiento, y una clave para ello es generar contextos que inviten o faciliten estilos de vida sostenibles, fuera de la lógica de los procesos mercantiles.

Por otro, «transformar privilegios»: En un contexto de múltiples colapsos, donde la economía se lleva el protagonismo desde 2008, tenemos el reto de generar espacio para hablar de las otras crisis: ecológica, de cuidados, de valores, etc. en definitiva, de modelo socioeconómico capitalista, colonial y heteropatriarcal. Esto pone encima de la mesa el trabajo sobre el poder y los privilegios como parte de la EA, que no puede dejar de reconocer que, en numerosas ocasiones, ha avalado un discurso que obviaba la existencia de los muchos privilegios y pocas responsabilidades de ciertos sectores, más a la medida del “hombre blanco, de clase media, occidental”

Ecuanto a la «complejidad, incertidumbre y vida buena»,  Otro de los retos destacados es hacer la “educación ambiental del siglo XXI”, una EA en la que la complejidad y la incertidumbre forman parte, en la que se compagina el pensamiento a largo plazo con las acciones a corto plazo y que gestiona la urgencia.

Sobre «herramientas clave para el cambio»: La EA del siglo XXI no puede quedarse en algo complementario o incluso en algo solo
“ambiental”, en un sentido estrecho de la palabra. La EA es una de las herramientas claves para una transformación del sistema que lleve a que elementos como los cuidados de la vida, la economía circular o el decrecimiento sean los pilares de la organización social. Esa transformación implica cuestionar el crecimiento económico, un principio que sigue siendo central en la sociedad y en la economía actualmente, y cambiar eso requiere de esfuerzos en los que la EA es necesaria, pero no suficiente. Por ejemplo, dentro de la Agenda Global ODS 2030, el ODS8 sigue planteando el crecimiento económico como objetivo. Esto puede justificarse en términos de justicia global (algunas partes del planeta aún tienen que crecer), pero como objetivo global está obsoleto (pues en el resto del mundo lo que tiene que ocurrir es un decrecimiento).

Por ultimo, «atravesar capas de la ceballa»: Otro reto es que cada vez más gente se apunte a “ser parte del cambio” o del movimiento por la sostenibilidad. Este anhelo convive con el dilema y la tensión de si se puede llegar a mucha gente sin caer en la cooptación de mensajes por parte del mercado o la mercantilización de los mensajes, que muchas veces acaba resultando en mensajes vacíos. ¿Cómo podemos llegar masivamente o a toda la ciudadanía? ¿Seguimos acercándonos a los/as mismos/as? ¿Cómo plantear mensajes y acciones dentro de los marcos de referencia que valen a cada persona, considerando la diversidad de la población?

Cuestiones para el debate:

Las autoras señalan algunos puntos como cuestiones que son necesarias debatir y discutir:

  1. Consumos y estilos de vida: El dilema del dinero o el tiempo.
  2. La gestión de conflictos y la gobernanza son parte de la EA, lo cual supone dar espacio a lo emocional.
  3. La agencia o capacidad de acción en la EA en primera persona (del singular y del plural).
  4. La EA como espacio de relación: Ecodependencia e interdependencia.
  5. La escalabilidad: iniciativas que planteen que la sostenibilidad es posible a diferentes escalas.
  6. El cambio de roles: las organizaciones y movimientos sociales asumiendo nuevos y múltiples papeles.

Para ampliar la información, consulta este capítulo del estudio aquí: ‘La Educación Ambiental en España desde las organizaciones sociales y los movimientos ciudadanos’

Medio ambiente y modelo económico: Una cuestión de límites y alternativas

¿Es posible hacer empresa respetando los límites del planeta? ¿Es posible ser sostenibles y no tener ánimo de lucro? No solo es posible, ya existe. Celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente como una fecha necesaria para reivindicar nuestro modelo de empresa y el marco en el que se sitúa: la economía social y solidaria, que destaca entre sus principios básicos la sostenibilidad ambiental, no como una política de responsabilidad social corporativa, sino como una forma orgánica de hacer.

Impacto del modelo productivo en los límites planetarios

Según el informe de la Asociación de Fundaciones de la Naturaleza (AFN) ‘Entidades sin ánimo de lucro y economía social y solidaria. Formas de trabajo para la conservación de la naturaleza y la gestión de los recursos naturales‘, aunque todos somos más o menos conscientes del impacto que el modelo actual de producción y consumo tiene sobre los recursos naturales, la magnitud del mismo se nos escapa, no sólo por la dificultad de su medición sino por la falta de acceso a información apropiada sobre ello. Por eso, a través del poder legislativo y judicial, se han puesto en marcha medidas para que las empresas asuman la responsabilidad de sus actos, también con de forma preventiva.

En este sentido, el Ministerio para la Transición Ecológica señala que la Ley 26/2007, de 23 de octubre, de Responsabilidad Medioambiental, que incorpora al ordenamiento jurídico interno la Directiva 2004/35/CE, del Parlamento Europeo y del  Consejo, de 21 de abril de 2004, ha instaurado un régimen administrativo de responsabilidad medioambiental en las empresas de carácter objetivo e ilimitado, basado en los principios de “prevención de daños” y de que “quien contamina, paga”.

Una economía enraizada al territorio

El citado informe, elaborado por nuestra compañera Carolina Yacamán Ochoa (ambientóloga y Doctora en Geografía, profesora en la universidad Carlos III y miembro de la cooperativa Heliconia); junto a Antonio Ruiz Salgado, abogado y consultor jurídico ambiental, Doctor en Derecho administrativo; y a Alberto Navarro Gómez, ambientólogo y consultor en conservación de la naturaleza y desarrollo rural, señala cómo la economía social y solidaria cuenta con otros principios, enraizados en el territorio.

En este sentido, Yucamán señala en el documento que «la gran diversidad de agentes, organizaciones y redes que componen la economía social y solidaria, junto con la gran heterogeneidad de ámbitos en los que opera, la configuran como un paradigma económico poscapitalista, con una alta capacidad de innovación social y capaz de dar respuesta a los problemas que genera la economía capitalista» como es daño al medio ambiente.

Las empresas que componen la economía social contribuyen a democratizar la economía, al orientar su actividad al servicio del bien común, y a desarrollar actividades que redundan en el bienestar de la comunidad. Esto supone un planteamiento renovador y estratégico sobre la manera de entender la economía tanto en el funcionamiento y la gestión interna de las empresas, como hacia fuera, en su dimensión de sujeto político en los distintos ámbitos de la sociedad.

Otra economía para enfrentarse a los retos globales: crisis alimentaria, cambio climático

La participación directa, el empoderamiento de los agentes locales, la cooperación, la solidaridad, y la justicia social son sin duda una de las principales fortalezas que identifica a la economía social y solidaria. Además de sus siete principios básicos:

  1. Principio de Equidad
  2. Principio de Trabajo digno
  3. Principio de sostenibilidad ambiental
  4. Principio de cooperación
  5. Principio «sin fines lucrativos»
  6. Principio de compromiso con el entorno

Por todo ello, y como destaca el informe, esta economía es un paradigma que trae consigo nuevas lógicas económicas capaces de activar procesos que permite generar dinámicas territoriales alternativas a partir de estrategias de cooperación y de innovación social, cuyos efectos se multiplican gracias a su filosofía de trabajo en red y que seguramente constituirá en un futuro la alternativa a la crisis económica y ecológica del presente.

Economías transformadoras

Junto a la economía social y solidaria se encuentra dentro de lo que se denomina las economía transformadoras: economías feministas, procomunes, soberanía alimentaria y economía social y solidaria. Estas cuatro visiones de abordar la economía desde otra perspectiva encuentra una visión común: defender y situar en el centro de nuestra vida económica la sostenibilidad a largo plazo de los sistemas naturales, de las tareas de cuidado y los vínculos comunitarios. Y hacerlo de manera que las formas que tome la organización económica se basen en una distribución igualitaria del poder y de los recursos y, por tanto, se enfoquen a la satisfacción de necesidades (en vez del lucro), y se haga desde de la gestión democrática y transparente.

Próximo Foro Social Mundial de Economías Transformadoras 2020 en Barcelona