Carta por una soberanía alimentaria

Trabajar por la soberanía alimentaria y la agroecología y participar en el diálogo social para la creación de propuestas municipalistas concretas que lo hagan posible. Con estos dos objetivos caminan desde hace varios meses las entidades verdes de Tangente  (Altekio, Cyclos, Garúa, Germinando y Heliconia), a partir de diferentes propuestas y en red con otros tantos actores sociales, ciudadanos, económicos y políticos. Para que la economía social y solidaria esté al servicio de un sistema de desarrollo y de alimentación justo y sostenible.

“Desde la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) se vio interesante que durante el I Congreso Internacional de Economía Social y Solidaria celebrado en Zaragoza en noviembre se buscara un acercamiento con equipos y redes que abordaran la economía social desde otros paradigmas, como el de la soberanía alimentaria. Así que se invitó a entidades que trabajan este ámbito con el objetivo de generar propuestas concretas y realizables para incidir en políticas municipales a nivel estatal”. Son palabras de Carolina Yacamán, socia de Heliconia y coordinadora de la mesa de trabajo que durante el congreso reunió a entidades, redes, agentes políticos y agentes sociales en torno a la soberanía alimentaria.

De la mesa de trabajo, en la que también participaron todas las entidades verdes de Tangente, salió la “Carta por una soberanía alimentaria en nuestros municipios”, que actualmente cuenta con más de 60 adhesiones. Un documento vivo que ya se ha traducido a cinco idiomas y está sirviendo como base para promover la reflexión, el debate y generar propuestas concretas a nivel estatal. La apuesta de Tangente en este espacio es clara: “Estamos ahí porque ya desarrollamos muchos proyectos en esta materia a nivel local y regional y pensamos que debemos de estar presentes en propuestas más pragmáticas. Con nuestro conocimiento técnico y nuestra experiencia podemos seguir construyendo políticas municipales transformadoras”, argumenta Yacamán.

De manera paralela nos encontramos con Madrid Agroecológico. Se trata de “un grupo de trabajo amplio de agentes que tienen relación con la agroecología dentro de Comunidad Autónoma de Madrid, cuyo objetivo es identificar los problemas del sector a nivel autonómico y generar propuestas políticas”, resume Julia del Valle, socia de la cooperativa Germinando. Esta iniciativa constituye un recorrido de encuentro y coordinación entre movimientos que ya están de  trabajando por un Madrid agroecológico. Desde enero hasta abril de 2015 se van a realizar cuatro encuentros en los que se abordarán temas como el acceso, comercialización, transformación y consumo de alimentos agroecológicos.

Este proceso pretende concretar propuestas específicas y realizables a nivel autonómico para presentar a las distintas formaciones políticas, coincidiendo con las próximas elecciones municipales. Como explica Julia del Valle, Tangente tiene mucho que aportar: “El capital humano que tiene el grupo ofrece una visión más amplia al proceso. Nuestras entidades tienen amplia experiencia en campos que resultan muy útiles en este sector, como el asesoramiento a ayuntamientos, la formación específica en agroecología, el desarrollo de planes estratégicos o el apoyo y asesoramiento a entidades que comienzan su andadura en el ámbito de la agroecología”.

Mujeres y tecnología, hacia el empoderamiento digital

¿Son los ordenadores y las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) un asunto de mujeres? ¿Pueden estas herramientas contribuir a la equidad de género y a la erradicación de las desigualdades? En el grupo cooperativo Tangente la respuesta es afirmativa y la apuesta es clara. Dos de sus entidades socias, Dabne. Tecnologías de la Información y Pandora Mirabilia. Género y Comunicación impulsan de manera continuada cursos y proyectos que invitan a mujeres a participar en procesos de capacitación y empoderamiento digital. El objetivo final: promover la autonomía de las mujeres en estos ámbitos.

“Lo que pretendemos es reducir la brecha digital y llevar a las mujeres a los espacios de prestigio de esta sociedad, como es el mundo de la tecnología”. Nos lo cuenta Margarita Padilla, socia de Dabne y docente en el taller Tecleadoras/programadoras, un curso enfocado a “conocer la práctica de la programación y su potencial transformador”. Para Padilla, la alfabetización digital empodera en sí misma a las personas, porque nuestra sociedad valora mucho la innovación tecnológica, y este es un campo “que debe ser normalizado y frecuentado también por las mujeres”.

Más allá de la brecha digital, la razón que mueve a Dabne desde hace más de 10 años a promover cursos con mujeres (de alfabetización digital, webs, programación) reside en los beneficios que éstos reportan a las mujeres a nivel individual y colectivo. Para Padilla, estos cursos “mejoran sus vidas porque las reconectan con el placer aprender. Las mujeres, que estamos demasiado conectadas con el trabajo práctico, lo que queremos es soñar, crear, imaginar mundos nuevos, disfrutar”.
Programar es, para Padilla, “una actividad gozosa y normal. No es tanto que yo sepa usar una tecnología que otros han decidido, sino que yo puedo hacer esas tecnologías”. En esta normalización de las tecnologías reside una razón de ser: una apuesta para que la programación y la gestión de la tecnología llegue también a la raíz de la educación, escuelas, colegios e institutos, para que “la programación o la robótica sea un juguete más”. Para que se entienda, al fin y al cabo, como un espacio importante de nuestra sociedad de la que tenemos que participar.

Por su parte, Pandora Mirabilia desarrolla desde hace cinco años cursos de Empoderamiento digital con el objetivo de acercar las TIC a mujeres de diversas edades y contextos que no han tenido acceso al mundo digital y quieren superar esa brecha. Para Marta Monasterio, socia de la entidad cooperativa, los beneficios son múltiples: “No se trata sólo de fomentar el acceso de las mujeres a la información, al conocimiento y a la cultura disponibles en internet sino sobre todo de contribuir a que las mujeres hagan suyas las herramientas digitales para que generen sus propios conocimientos”.

Tomar el control de la tecnología, integrarla en su vida y hacerla propia son mecanismos que favorecen la interrelación de las personas en su sociedad y la vida personal, social y laboral de las mujeres. “En algunos cursos ponemos el énfasis en que las mujeres aprendan a comunicar sus propios negocios, a diseñar sus webs, a difundir sus mensajes. En otros, el acento recae en la necesidad que las participantes tienen de relacionarse con sus semejantes. Otras veces, nos centramos más en la experimentación y en la creatividad que las tecnologías nos permiten. Depende de las preocupaciones y los intereses de las propias mujeres”.

 

¿Por que grupos sólo con mujeres?

“Si lo que pretendemos es reducir la brecha digital de género, tenemos que hacer grupos específicos de mujeres. Porque si tú difundes un curso en genérico, precisamente por esta brecha aparecen 75% de hombres y sólo un 25% de mujeres”. Esta es una de las razones que Padilla esgrime para explicar por qué en sus formaciones priorizan la participación femenina.

Para Monasterio, además, el trabajo entre mujeres resulta especialmente empoderador para todas: “Los espacios sólo de mujeres generan un clima de mayor confianza entre las participantes, en un terreno en el que se sienten inseguras. En estos cursos se crea un ambiente de confianza y seguridad propicio para el empoderamiento personal y colectivo. El apoyo entre mujeres, la complicidad que tienen unas con otras, potencia todos los beneficios del aprendizaje en muchas dimensiones, no sólo el tecnológico, sino también el emocional, personal y grupal”.

La Red de Economía Social Feminista da sus primeros pasos

La Red de Economía Social Feminista ha comenzado a andar. Presentada durante el Congreso Internacional de Economía Social y Solidaria de Zaragoza y formada por diversos equipos, algunos de los cuales participan en Tangente, hace unas semanas convocó su primera reunión en Madrid. Hablamos con ellas sobre sus objetivos y sus perspectivas para el futuro.

¿En qué consiste la Red?
La Red de Economía Social Feminista surge del deseo de muchas entidades (algunas de las cuales se llaman feministas y otras no), con la idea de que nos tenemos que apoyar entre nosotras para tener más visibilidad, para ser más fuertes, para tratar de llegar a donde no llegamos solas y también para recordar que dentro de la economía social se siguen perpetuando muchos de los roles de género tradicionales. Tiene un interés estratégico, que es recordar que el feminismo sigue siendo necesario en todos los ámbitos, y un interés más práctico, que es que las entidades de mujeres nos hagamos más fuertes, nos visibilicemos más e intercooperemos entre nosotras.

¿Cómo surge la propuesta?
En un principio empezamos a darle vueltas desde el proyecto Driadas, vimos que teníamos la necesidad de crecer y nos preguntamos, ¿qué nos ayudaría? ¿Qué nos impulsaría? Estábamos tejiendo red para impulsar nuestros proyectos, y en ese contexto empezó a surgir la misma pregunta entre otras entidades, así que decidimos juntarnos. Las entidades que forman parte de la red en un principio son Punto Abierto, EcoEko, Trementineras y Driadas.

¿Qué pretendéis con la Red de Economía Social Feminista, qué os gustaría conseguir?
Nosotras tenemos la semilla y el germen, pero sabemos que necesitamos ser más fuertes, más grandes, que necesitamos más ideas. Para empezar, queremos localizar el proyecto en Madrid, que formen parte de él sólo entidades de mujeres que hayan emprendido en economía social, no consumidoras sino productoras, y por supuesto estar abiertas a más entidades. Ahora mismo necesitamos dotarnos de recursos materiales y humanos que todavía la red no tiene, así que cuantas más entidades seamos, más fácil será.

¿Qué oportunidades veis desde la Red en el momento actual?
Más que oportunidades lo que vemos son necesidades. Los proyectos de emprendimiento femenino y feminista tienen las patas muy cortas, en el sentido de que hay mujeres que emprenden con su pequeño grupo de colegas o amigas pero luego no están en red con otras mujeres, van teniendo necesidades y no saben cómo satisfacerlas. Queremos ofrecer un seguimiento y un apoyo que nosotras mismas hemos sentido necesario, pero que a lo mejor no te puede brindar nadie. Estamos apostando por esto vitalmente, de momento no tenemos ninguna financiación. Pero vemos que o a los proyectos productivos de mujeres con los que estamos trabajando se les apoya durante un plazo mínimo de un año, o mueren. La fortaleza de la Red de Economía Feminista será poder dar apoyo y seguimiento a otros proyectos productivos de mujeres que se vayan incorporando y también a los nuestros propios, a través del fortalecimiento en el intercambio y la intercooperación.

¿Cómo fue la presentación de la Red hace unas semanas? ¿Qué pasos vais a dar en el futuro?
Asistieron tres entidades de mujeres, una de ellas mixta; algunas de ellas muy incipientes, otras con una larga trayectoria. Vamos a empezar a andar juntas y a ver nuestras necesidades. Seguimos pensando en cómo queremos que sea la red. Por ahora hemos decidido que no queremos pagar cuotas, porque no queremos excluir a ninguna entidad; tampoco queremos que la red sea una sobrecarga de tiempo para nosotras. Lo que nos interesa es visibilizarnos, apoyarnos entre nosotras y ser más potentes. Estamos pensando en hacer alguna acción para visibilizarnos en la Feria del Mercado Social de Madrid, llevar camisetas como distintivo, por ejemplo. También queremos facilitar el acceso de todas las entidades de mujeres a través de un stand pagado entre todas, porque hay muchas que quiere estar en la Feria pero no pueden pagar un stand ellas solas.